lunes, 11 de abril de 2011

Pensamientos suecos sobre las viñas chilenas













Por Hanna Axelsson

Pasar un día en una viña chilena es para una extranjera, sin experiencias anteriores de este fenómeno ni conocimientos del arte y la pasión que se cierne sobre el trabajo que requiere producir la bebida más estimada del mundo, es un día lleno de impresiones nuevas. Las viñas ofrecen un ambiente tranquilo y mágico en lugares increíbles que representan los puntos más bonitos de la naturaleza chilena. La visita es impresionante y, sin duda, una experiencia de vida.

Matetic Vineyards, una viña con la capacidad de producir 300.000 litros de vino, un hotel, un restorán y varias actividades para sus huéspedes, está en la región de Valparaíso, entre Casa Blanca y San Antonio. La viña, que realmente no sólo es un sitio para la produción de vinos, sino también de arándanos y queso, tiene un ambiente mágico transmitido por un interior elegante y armonioso, que relaja a cualquiera y yo no era una excepción.

Mis primeros pensamientos, cuando salí del auto en Viña Matetic, eran sobre el silencio. Podía escuchar el canto de los pájaros y el sonido de una manguera en el jardín, pero nada más. Estaba en el campo, más allá del asfalto y los edificios de Santiago, un mundo nuevo con secretos para descubrir.

La primera actividad del día fue conocer el hotel La Casona, su casa principal, las piezas y el patio. Todo construido con la motivación de crear un lugar armonioso y con el sentimiento de estar en una viña, por lo que todas las habitaciones tienen una terracita frente a una plantación de uvas. La combinación de una viña, un hotel y actividades turísticas, es una tendencia cada vez más común y, en mi opinion, estimada. Uno siente muy claramente que el impulso detrás de operar una viña no es el de ganar plata, sino la pasión y el amor por el vino.

En mi visita tuve la posibilidad de conocer las plantaciones de uvas. El enólogo Julio Bastías y el general manager Arturo Larraín nos llevaron en auto a las vistas más increíbles que uno puede imaginar. La vista sobre plantas de uvas, plantadas en líneas perfectas en los paisajes chilenos, es parecido a un paisaje de olas, y representa algo muy extranjero y exótico que una sueca como yo sólo puede ver en TV o leer en revistas de viajes.

Los tipos de uvas son muy distintos y necesitan condiciones diferentes para crecer, por lo que no todas las plantaciones están en la misma área. Un aspecto que revela una de los dificultades de cultivar la uva y elaborar el vino perfecto. Además, da más aventura a la visita el tener que andar en auto por medio de un paisaje increíble, para llegar a las plantas. Gracias a los enólogos y managers de Viña Matetic, aprendí mucho sobre este arte.

La bodega de la viña está construída con el mismo estilo que el resto del ambiente. Creó que no sólo para hacer la viña un lugar atractivo para turistas, sino también para ayudar a los vinos. Recuerdo que yo pensé que quizás los sabores de los vinos resultan mejores si se elaboran en un ambiente armónico y hermoso. Parece raro,,,, ¡loco! Lo sé, pero no imposible.

En una pieza gigante, adyacente a la bodega, viví una experiencia que nunca olvidaré. Una cata de vinos. Algo que cambió mis pensamientos sobre los vinos completamente. En Suecia, un país sin viñas, la cultura de vinos no existe. Los suecos toman vino porque tiene un buen sabor con la comida o, en el peor de los casos, sólo porque contiene alcohol. Al contrario, los chilenos toman vino por su sabor, su calidad y su identidad. Hay suecos que diferencian los vinos sólo por un aspecto, si son tintos o blancos, mientrasn que los chilenos identifican un vino por varios aspectos y propiedades. Para resumir, una experiencia muy interesante e instructiva.

El día en viña Matetic terminó con un almuerzo extraordinario en el restorán del hotel, Equilibrio. Para empezar, una tabla del queso de la viña acompañado con pan, mermelada, nueces, frutas y mucho más. La entrada consistió en una carpaccio de tuna con un sabor que mezclaba lo dulce y salado. El plato principal era pato preparado en una salsa de naranja, acompañado de puré verde. Finalmente, un postre que era tres cortecitas de dulces, un sorbet de frambuesa, un cheesecake y una tortita de nueces y manjar. El chef, Matías Bustos, nos acompañó y presentó en detalle cada plato con su respectivo vino, revelando su pasión por la comida.

Mi visita a viña Matetic puedo asegurar que fue una experiencia y una aventura por la vida. Abrió mis ojos ante los vinos, y también por la gran cantidad de trabajo que una botella de vino requiere para que sea buena. Además, entendí que las viñas no sólo tratan de ser un sitio para la produción de vinos, sino también que son lugares que representan la pasión, cultura y vida chilena.

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