jueves, 8 de julio de 2010

Perseverancia….. para hacer las cosas mal.


Por Claudia Fuentes Bozzolo, editora general Revista Platos&Copas



Mi hija de 7 años, amante devota de todo lo que sea masa, me insistió hace un par de domingos que fuéramos al “nuevo” restorán que está en la esquina de la casa, en Vitacura con Lo Matta. En estricto rigor no es “nuevo”, sino sólo una sucursal extra en la zona oriente de un re-conocido (me refiero a que es muy conocido y no a reconocimiento) “restorán italiano” (aún cuando en su carta hay de todo: pastas de variados tipos, pescados y mariscos, carnes, ensaladas, etc.)

Después de un desastroso reportaje en la TV poniendo en tela de juicio la higiene de sus cocinas, quiebras, remodelaciones y cierres de local de por medio, conozco mucha gente que dejó de ir, entre las que me incluyo. Sin embargo, ¿cómo no iba a darle en el gusto a mi hija? De paso me evitaba cocinar.

Nos ubicaron en el segundo piso, ya que andábamos con el coche de la guagua (sí, parece contradictorio, pero abajo no cabía), y nos atendió un mozo que partió con problemas al tomar el pedido de las bebidas.

Mi marido pidió un lomo siciliano con puré ($6.599) y ensalada de palta; yo, una pechuga de pollo a la parrilla ($3.499) con ensalada de apio-palta que debí cambiar al rato por palmitos, ya que no había del primero, y mis hijas un plato de Fetuccini con salsa bolognesa ($2.599) para compartir.

A la media hora ellas ya se habían comido toda la panera, el tomatito para picar y las aceitunas; habían derramado una bebida y la guagua comenzaba a clamar por su “papa”, así que pedí un agua mineral sin gas para entibiar la leche que andaba trayendo caliente. Menos mal que habían pantallas transmitiendo el partido de Argentina con México, de lo contrario, mi marido habría colapsado.

A la media hora siguiente (sí lo sé, tuve mucha paciencia) el agua de la leche ya se había entibiado sola, pues el agua mineral nunca llegó. ¿Nuestros platos? Tampoco. Cuando la mesa contigua recibió su pedido, siendo que habían llegado después que nosotros, nos quejamos con un hombre que parecía el administrador.

Por su puesto que la comida apareció en 1 minuto, lamentablemente cuando ya eran pasadas las 15:00 horas, llevábamos 1 hora sentados y casi ninguno tenía hambre, salvo la guagua.

El lomo se veía bien, pero el relleno de jamón tenía aspecto y textura de pasta (incluso un poco de gusto a pana), por lo que mi marido se comió sólo el exterior. Ni hablar de mi pechuga de pollo: sumamente reseca, casi incomible. Los fetuccini pasaban. La palta de ensalada estaba negra, aguachenta y sin gusto. Claramente era para moler más que para acompañar.

¿El servicio? Igual o peor que la comida. Además del incomprensible retraso para lo simple de nuestro pedido, los mozos se veían confundidos con las bandejas, se llamaban la atención entre ellos, entregaban los platos en la mano de los clientes en vez de dejarlos sobre la mesa, etc.

¿Postre? ¡No por favor! sólo queríamos salir de ahí. A modo de dato extra: estuvimos casi 10 minutos intentando que el sistema de Transbank funcionara.

Entendiendo que el modelo de negocio de este restorán es la masividad y en ningún caso la exclusividad o la alta gastronomía, no cumple con ningún requisito como para comprender lo lleno de gente que estaba, salvo por sus precios (la cuenta total salió un poco más de $20.000). Aún así, ningún precio bajo justifica la comida deficiente, el mal servicio y el dejar en el cliente esa sensación de que a pesar de todo lo que le ha pasado a esta cadena de restoranes (con 9 locales a lo largo de la R.M), no hay voluntad de cambiar y hacer las cosas un poco mejor. Menos de querer cumplir su prometedor eslogan: “Los mejores momentos, las mejores recetas y el exquisito sabor de siempre”. ¡Por favor!

5 comentarios:

  1. Y DATE CON UN PIEDRA EN LOS DIENTES QUE NO SE ENFERMARON DE LA GUATA....O SI?

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  2. Ridicula da el nombre del mal retorante,para eso sirven los blog, el poder a la gente, mueran los malos restorante

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  3. Debe ser la Piccola Italia que revivió en Vitacura, un poco más arriba de Padre Hurtado, para ensuciar el paisaje de la comuna!!

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  4. No nos enfermamos porque nos comimos la mitad solamente!!! Claramente es la Piccola Italia de Vitacura y lamentablemente tengo que pasar todos los días por ahí y recordar el mal rato!!!

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